Ella miraba por la ventana mientras un leve repiqueteo de dedos rompía el silencio de la habitación. Llovía. Las calles encharcadas le hacían recordar tiempos mejores. Quizás, puede que no fuesen mejores...pero, sin embargo estaban contaminados de una fragancia que reconocía...
Esa fragancia que un día la embaucó y que ahora recordaba con gran anhelo. Sabía lo que era, sabía lo que quería, pero...quedaba tan lejos. Decidió tumbarse en la cama y pensar, volver a sentir, volver a soñar. No quería volver a ser esa niña inocente que se dejaba llevar por lo que sentía, pero su corazón había dicho basta. Preocupada por su nueva forma de ver las cosas, se retiró a un lado de lo que un día fue su tálamo, ahora deshecho por sus errores, y se acercó a la mesilla donde había un vaso de agua, necesitaba beber algo para digerir tantas emociones. Bebió y cuando quiso reposar el vaso en la mesa, se le escurrió de entre las manos y el cristal se hizo añicos. Eso le hizo pensar en lo frágil que era todo. Sintió que todo era pasajero, o al menos así había sido para ella, un día te encuentras en el séptimo cielo y al día siguiente todo se desvanece como por arte de magia. Se preguntó entonces que a qué juega este mundo, cuál era el destino que le esperaba, qué puto sentido tenía todo lo que había hecho si ahora sólo tenía recuerdos. ¿De qué sirven los recuerdos?, ahora sólo hacían que se martirizáse pensando en todo lo que tuvo y no supo cuidar. Recostada de nuevo sobre la cama dejó volar su imaginación pensando que podía ser posible volver a soñar despierto, soñar al lado de alguien, soñar en la misma dirección.
Esa fragancia que un día la embaucó y que ahora recordaba con gran anhelo. Sabía lo que era, sabía lo que quería, pero...quedaba tan lejos. Decidió tumbarse en la cama y pensar, volver a sentir, volver a soñar. No quería volver a ser esa niña inocente que se dejaba llevar por lo que sentía, pero su corazón había dicho basta. Preocupada por su nueva forma de ver las cosas, se retiró a un lado de lo que un día fue su tálamo, ahora deshecho por sus errores, y se acercó a la mesilla donde había un vaso de agua, necesitaba beber algo para digerir tantas emociones. Bebió y cuando quiso reposar el vaso en la mesa, se le escurrió de entre las manos y el cristal se hizo añicos. Eso le hizo pensar en lo frágil que era todo. Sintió que todo era pasajero, o al menos así había sido para ella, un día te encuentras en el séptimo cielo y al día siguiente todo se desvanece como por arte de magia. Se preguntó entonces que a qué juega este mundo, cuál era el destino que le esperaba, qué puto sentido tenía todo lo que había hecho si ahora sólo tenía recuerdos. ¿De qué sirven los recuerdos?, ahora sólo hacían que se martirizáse pensando en todo lo que tuvo y no supo cuidar. Recostada de nuevo sobre la cama dejó volar su imaginación pensando que podía ser posible volver a soñar despierto, soñar al lado de alguien, soñar en la misma dirección.