domingo, 5 de agosto de 2012
Lágrimas blancas
Gotas saladas bañaban su rostro. Apartada de todo ruido, en su habitación, se refugió en el cómodo sofá azul que ocupaba gran parte de la habitación. El latir del reloj retumbaba en la estancia, y el sol se ponía en el horizonte. Una ligera brisa helada secaba con desdén su rostro. Se dio cuenta de que para regresar y para casi todo ya era tarde, que no había viaje de retorno. Posó los pies en el suelo y se dirigió al espejo. Se miró fijamente a los ojos y descubrió que no era ella. El tiempo y las heridas se habían aferrado a su rostro dejando sus sentimientos huérfanos y a la intemperie. De nuevo, como otras tantas veces apareció ese miedo al papel en blanco... Me cuesta tanto escribirte...
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