"Pasatiempo de salón que estuvo de moda durante los siglos XVII y XVIII y en el que el poeta tenía que ajustarse a una rima prefijada, a veces extravagante, para componer un poema de tema libre o también prefijado"
*En este caso será al contrario se incluirá una frase en un texto ya hecho. El texto donde voy a aplicar esta técnica es el siguiente:
Frío del recuerdo
.El viento soplaba frío aquella mañana. Los coches se arremolinaban unos detrás de otros al igual que sus pensamientos. Ella, sentada en la parada del bus, se había levantado aturdida por el recuerdo de él. Lo echaba tanto de menos. Sentía frío. Él ya no estaba, se había ido. Pensaba en lo que un día le dijo una persona a la que tenía mucho aprecio, su abuela: lo
difícil no es vivir con las personas, lo difícil es comprenderlas. Y es que no comprendía ni a él ni por qué se había dado esta situación.
El ir y venir de los transeúntes la dejaba con una sensación de desamparo que pocas veces había reconocido en ella. Esta vez no era como otras veces, era demasiado fuerte. No podía quitárselo de la cabeza, había sido tan rápido... Los pensamientos de dolor por la pérdida se agolpaban como se agolpan los pasajeros al salir del metro.
De repente, una fuerza salió de su interior, miró al cielo y vio como las palomas se posaban en las ventanas de los edificios colindantes a la calle.¡Eran tan libres y parecían tan tranquilas! Se quedo largo tiempo observándolas, hasta que el autobús llegó. Decidida a cambiar de actitud se montó en él. El autocar sorteaba los coches haciéndose hueco por la carretera. Un sonido la sacó de sus pensamientos. El móvil se había encendido y la luz que notificaba la llegada de un nuevo mensaje la hizo presagiar lo que vendría después. Tomó la decisión de no abrirlo, sabía que era él. No estaba preparada.
Volvieron los fantasmas con el mensaje.
Pasó el día triste, melancólica. Se prometió a sí misma que hasta que no llegase a casa no abriría el mensaje que él le había mandado.
Abrió la puerta y se acurrucó en el sofá dispuesta a leer el mensaje que dictaba lo siguiente:
"Hola, se que probablemente no quieras verme, pero no quiero que esto acabe. Quiero que todo vuelva a ser como antes. Quiero perderme en ti. Quiero volver. Te quiero"
Los últimos rayos de sol abandonaban el salón al mismo tiempo que una lágrima de felicidad brotaba de sus ojos. Había vuelto. Un calor comenzó a apoderarse de su cuerpo. Ya no había más frío.
La frase resaltada en negrita pertenece a Ensayo sobre la ceguera de José Saramago (1995)
